Javiera Donoso
Por Javiera Donoso
psicóloga especialista en reparación emocional y temáticas de autocuidado y autoestima.

Si buscamos en Google “síndrome de la cabaña” vamos a encontrar dos grandes resultados:

  1. La definición “pre” COVID 19 que alude a la sensación de encierro o claustrofobia que sufre una persona o grupo luego de estar aislado y sin contacto con la naturaleza o lugares abiertos, durante un tiempo prolongado.
  2. La adaptación “post” COVID 19 que alude a la habituación a estas condiciones de encierro, que hace que para algunas personas el tener que volver a salir sea un factor de estrés.

Los humanos somos “animales de costumbre” un dicho bastante común que usamos para describir esta relativa facilidad con la que nos adaptamos a diversas situaciones y condiciones. Por ejemplo cuando llegas a vivir a un lugar con mucho ruido y al principio te molesta y no te deja dormir, pero al cabo de un tiempo, dejas de escucharlo.

En este punto es donde necesitamos detenernos y reflexionar; ¿Es sano esa facilidad con la que una situación incómoda que nos hace sentir mal, transcurrido un tiempo y por habituación se hace “cómoda”? ¿Qué consecuencias tendrá este mecanismo de adaptación en nuestras vidas? ¿cómo darnos cuenta si la sana y esperable adaptación se ha convertido en un problema?

Durante un taller de autocuidado una persona me hace el siguiente comentario: Siento que en algún momento tuve que entrar en “modo pandemia” y ahora no se cómo salir de ese modo y volver a mi normalidad.

Para responder estas interrogantes necesitamos entender qué es un hábito: en psicología entendemos por hábito cualquier conducta que es repetida con regularidad y luego de un tiempo se vuelve costumbre. Básicamente es algo que hacemos sin pensarlo demasiado, lo cual nos ahorra tiempo y energía, pero también nos expone a conductas de riesgo. Por ejemplo, si yo hago del consumo de alcohol o tabaco un hábito, tendré un problema de adicciones. Si me acostumbro a dormir de día y trabajar de noche, tendré un trastorno del sueño. Si con frecuencia diaria me alimento de grasa y azúcar tendré obesidad, etc.

En la definición sobre el síndrome de la cabaña, se ve claramente esta diferencia; el encierro que al inicio me incomodaba, pasa a ser mi zona de seguridad, en la cual me siento segura. Esto para efectos de salud mental es tan riesgoso como el mismo virus.

Otra cualidad muy humana es el funcionar en extremos, nos es tan difícil mantener puntos de sano equilibrio; en el caso de la pandemia de COVID 19 hemos visto dos polaridades bastante marcadas; están las personas que le bajan el perfil al contagio, que toman pocas medidas de resguardo y así se exponen y exponen a otros. En el otro extremo están las personas que sienten un gran temor al contagio y que la posibilidad de volver a salir a hacer una vida “normal” les produce gran ansiedad.

Para salir del “modo pandemia” desde mi punto de vista hay que salir del piloto automático en el que opera la habituación y hacer un ejercicio de balance, entre los factores de riesgo de salir y exponerse al contagio y los de encerrarse y exponerse a algún problema de salud mental.

Aquí el equilibrio es fundamental y personal, no es lo mismo que una persona de 70 años con hipertensión se suba al metro en hora punta, a que esa misma persona pueda ir a abastecerse en horarios con menos congestión y aglomeración.

A su vez, un niño de 3 años no puede pasar 10 meses encerrado en un departamento, porque de seguro tendrá un trastorno adaptativo que traerá consecuencias serias en términos cognitivos y conductuales.

El autoconocimiento y el autocuidado son claves para lograr este balance y diseñar un plan de desconfinamiento seguro en términos personales, familiares y colectivos. Buscando que nuestros hábitos promuevan un estilo de vida que favorezca la salud; física, mental, emocional y social.

La silla se sostiene en cuatro patas, así el autocuidado es una estructura que nos ayuda a estar sanos y que sostiene en base a 4 pilares fundamentales. El Autocuidado Físico, Mental, Emocional y Social.

Si tenemos sólo una pata firme, la silla se caerá, si tenemos dos es posible que podamos sentarnos, pero al cabo de un tiempo la silla se romperá, si tenemos tres patas, la silla será inestable. Aprendamos a observar nuestros hábitos, cuestionarnos lo que no anda bien, salir del piloto automático para intencionar y cultivar hábitos de vida equilibrados e integrales.